Hay veces que todo se te viene encima, que te das cuenta que la vida es tan fugaz que un día puede que ya no estés aquí. Cuando se va alguien de tu alrededor, te replanteas tantas cosas y piensas que hacer para ayudar a esa persona al que se le ha ido su ser querido y se ha quedado aquí pero le falta ese parte de su vida, de sus días señalados, de sus momentos especiales y que ya no volverá a estar a su lado, ese hijo o hija que se le va su padre o madre, esos padres que se les va algún hijo.
¿Qué hacer? te preguntas, pero en realidad no hay que hacer grandes cosas, simplemente has de estar al lado, apoyarlo, escucharlo o tan sólo abarcar en un abrazo sus lagrimas esperando que así, aunque parezca poca cosa, se sienta menos sólo, menos perdido, menos inquieto..Lamentablemente estos sucesos no tienen solución por lo que el tiempo es el que a través de los días, los meses, los años irá abriendo una luz en sus ojos y volverá a sonreir, a vivir, a soñar, a seguir adelante a pesar de llevar una nueva herida más o menos cicatrizada según el tiempo que haya pasado o momentos de fragilidad que le vayan sucediendo en el día a día.
Dale el apoyo de tu presencia, de tu calor, de tu amor, de tu compañía y ayudalo a que se vaya de él la sensación de soledad y miedo que son lo peor de estas circunstancias de la vida.
Y lo más importante, ayudalo a recordar. Sí, a recordar, esos momentos de felicidad, amor, que pasó con ese ser querido que ahora debe estar en alguna parte de este misterioso universo nuestro, pero cuidándote y protegiéndote siempre, aunque no lo puedas ver a simple vista, pero seguro que si lo intentas un poquito, puedas llegar a sentirlo con tan solo un poco de fe.